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28 de junio de 1971. Tras cepillarse al Bari en un dramático spareggio en Nápoles, el Catanzaro se convierte en equipo de la Serie A. Un hijo de la Calabria, que es una de las regiones más pobres de Italia, jugará por primera vez en Primera y el pueblo sigue hambriento. El cabezazo de Angelo Mammi en el minuto 80 ha puesto los fogones al 10 y la pequeña Catanzaro es una olla en la que todos quieren hervir un ratito. Durante toda la noche, la ciudad es un estruendo de cuchillos y tenedores contra la mesa.  Hombre rico, hombre pobre. Al final de un túnel cavado con cucharillas de café estaba la salida. Aquellos hombres cubrieron los últimos metros del trayecto subterráneo a gatas, escupieron polvo en el último empujón y de un cabezazo reventaron la tapa del pasadizo. Cuando asomaron la cabeza se encontraron en mitad de una habitación desconocida.

Al día siguiente, alguno se toma el mejor café de su vida leyendo el ‘Corriere dello Sport’

“El Catanzaro en la Serie A es el fin del mundo. Por las calles los hay incluso que lloran. Otros van con el pecho descubierto pintado de rojo y amarillo. El tifosissimo Biagio Lucia cumple con la promesa recorriendo todo el Corso Mazzini de rodillas. A lo largo de las arterias principales de la ciudad un torbellino de coches organiza el tradicional concierto de cláxones. La ciudad está patas arriba, el tifo ha superado todos los límites. Pero esto es sólo el comienzo porque los más grandes, aquellos capaces de cometer locuras, habían seguido al equipo hasta Nápoles. La mayor parte de los coches tenían la matrícula BA (de Bari). Había muchos Alfa y muchos Mercedes pero no muy llenos. A su lado,  los viejos Fiat Millecento y algunos Seiscientos llenos a reventar. La pequeña Catanzaro la ha hecho en la cara de la gran Bari.”

Y mientras tanto, el transistor del bar va soltando esta canción de Salvatore Ida.