El Millwall contra el mundo

Nos guste o no, el Millwall existe en el album de cromos porque los campos donde ha vivido siempre han sido viveros de pasión incondicional y cafrada a partes iguales. En los años setenta, con la cultura hooligan hirviendo y salpicando fuera de la olla cada dos por tres, viajar al sur de Londres como visitante no era el mejor plan si querías volver a casa con todos los dientes sanos. Allí, junto a los astilleros, creció la mala reputación de una hinchada especialmente conflictiva y también uno de los cánticos más famosos del mundo. “Nadie nos quiere y no nos importa”, cantan todavía los aficionados del Millwall adaptando una tonada del mucho más sentimental Rod Stewart.

La cosa es nosotros contra el mundo en una combinación de resistencia, necedad, sentimiento de clase y delincuencia más futbolero que los tacos de aluminio. Lo mejor que has hecho en tu vida ha sido perder por goleada contra el Manchester United en una final de Copa pero sigues berreando que eres el ‘Super Millwall’ cada fin de semana. Los colores, casi siempre, producen efectos alucinógenos.

Defender tu cuadradito de mierda a zarpazos solo porque es tu cuadradito de mierda no es afición exclusiva del Millwall (se me ocurre más de una afición española con la manía persecutoria por bandera) pero nadie lo ha cantado como ellos. Desde luego, nadie como Cascarino y Sheringham celebrando el malditismo y la liga de segunda del 88.

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