Levántate y canta: el tío Silvio

Otra cosa no, pero Silvio Berlusconi siempre ha sido un buen maestro de ceremonias. Aunque más a menudo de lo tolerable le hayamos visto como un Tío Creepy que anticipa alguna astracanada con susto, hay que reconocer que micrófono en mano Silvio es imparable. Y en este congreso con los lemmings de la extinta Forza Italia agarró el micro bien fuerte.

En dupla imparable con Mariano Apicella, el que se hizo famoso por cantar las ocurrencias del viejo líder en cuatro discos inexplicables, se vino arriba con la chanson. Como un Jacques Brel destartalado al que su amatorial audiencia brinda aliento para el último gorgorito, Berlusconi llena la sala. De un perfume dulzón y pegajoso que acaba por molestar pero la llena.

No cuesta imaginar a este Milan decadente como un canción fuera de tono, como uno de los chistes picantes que el presidente gusta de explicar entre despacho y despacho. Aquí introduce la tonada comentando que ese talento para la balada le sirvió para financiar sus estudios en la universidad de La Sorbona. Lo cierto es que nunca se matriculó allí, lo suyo fue el derecho en la facultad de Milán, pero sí trabajó como cantante de orquesta en sus años mozos. Mentiras gruesas con un poso leve de realidad, como el Milan de estos últimos años.

 

 

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