El fútbol no era segada y cien rechaces hasta tumbar al portero. No era la duda entre patadón raso o globito absurdo. No eran carreras por la banda mientras llovían cuadraditos pixelados como los papelitos en el Monumental cuando Kempes hizo la suya. No era soccer in 100 shocking megas. El fútbol, joder, no era en inglés. No era un botón rojo abrasado por miles de cigarrillos mal apagados. ¿O sí?