De toda la diarrea publicitaria pre, post y ¡sí! durante cada partido, de ese patchwork infinito entre el que de vez en cuando se adivina algún jugador pero nos permite ver el fútbol abierto me quedo con la imbatible barrabasada del teléfono.

Dándote de hostias en la cabeza hasta que conceptos como cerca, lejos, grande o pequeño se te escapan por el oído.