Lo que le faltaba a este contenedor de morralla eran las carnes desnudas de un judío corretón bamboleándose por un campo del under inglés. Hasta hoy.

Y ahora un consejo. Si ven a su banquero corriendo en bolas por un rectángulo de hierba no lo reduzcan. Dejen que el bicho vuele en libertad o se volverán a casa con una amonestación. Avisados quedan.

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